sábado, 16 de enero de 2010

Tormenta de hielo.

Quizás más gente, una fila entera de personas, debería plantarse ante mí e ir sucediéndose, escupiendo sin rodeos sus razones con más o menos ira: "Ya no te llamo para quedar porque te fuiste aquel día a media tarde dejándome sola", "Ya no cuento contigo porque te marchaste durante aquellas vacaciones cuando tanto te necesitaba", "Ya no te busco para hablar porque me dejaste colgada en medio de esa conversación importante", "La prefiero porque cuando tú te alejaste llegó ella y me curó", "Ya no te echo de menos porque saliste de mi vida y me acostumbré a estar sin ti", ...
¿Sabes?, al fin y al cabo es lo mismo que "No puedes salir en la foto de grupo porque te fuiste del instituto". Cualquiera interpretaría la decisión como una simple elección a nivel académico, pero personalmente no fue más que una cobarde deserción con todo lo que eso conlleva; deserté de él, deserté de ella, deserté de todos... Y ahora tengo que soportar estóicamente que me digan "Te fuiste". Y no quiero que vuelvas.


Pd. ¿Tan nimio? Bueno, ya sabes, las pequeñas preocupaciones son las que nos vuelven locos.