jueves, 4 de marzo de 2010

Monotonía en piedra.

Anochece. Hay un músico de jazz dando el do de pecho en la plaza de la catedral.
Mientras, la gente pasea su invierno tardío sumida en un coma profundo.
El agua xiela. El azul es el más asombroso.
Tantos callejones después, el sonido de la trompeta se aleja, se estira y se descose de mis latidos.

miércoles, 3 de marzo de 2010

Pleasantville.

En ocasiones necesitas la aparición repentina de alguien para darte cuenta marcadamente de lo que le falta a tu vida, -tómalo a regañadientes,- pero en otras te basta con tumbarte un par de horas mientras el "brum-brum" de J. Cash amortigua tus tímpanos. Entonces llegas a la conclusión de que eres una frustrada y romántica imbécil a la que se le disuelven las palabras bonitas mucho antes de llegar a emerger a la superficie.

Aparte de eso hoy es todo muy fifties, no dejo de pensar en flamencos de plástico y movidas por el estilo. Y decididamente, no entiendo por qué la cultura popular no se quedó estancada en esos tiempos.

(Llega a asustarme la cantidad de compartimentos mentales que desarrollo, cada uno con su correspondiente estado de ánimo y demás.)