jueves, 4 de marzo de 2010

Monotonía en piedra.

Anochece. Hay un músico de jazz dando el do de pecho en la plaza de la catedral.
Mientras, la gente pasea su invierno tardío sumida en un coma profundo.
El agua xiela. El azul es el más asombroso.
Tantos callejones después, el sonido de la trompeta se aleja, se estira y se descose de mis latidos.