miércoles, 13 de octubre de 2010

Madrugada del catorce de ochobre.

Si existiera alguna buena cita que contuviera la emoción e inflexión suficientes como para describir la fuerza de mis argumentos, podría incluso justificar el vacío creciente que se extiende entre mí y el teclado del ordenador, y hasta podría usarlo si quisiera disimular que llevo seis meses sin tocarlo. El caso es que no existe, así que nunca sabrás nada sobre los últimos seis meses de mi vida.

Más que revivida.